sábado, 29 de noviembre de 2014

... Pedagogía hermética

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(...) La montaña mágica de Thomas Mann es el símbolo de hermetismo por excelencia  (...)
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Fragmento
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-¿La tumba?
-Sí, el lugar de la descomposición.  Es el principio fundamental de todo hermetismo.  La tumba no es otra cosa que el vaso, la crátera de cristal preciosamente conservada, en la que la materia es empujada hasta su última metamorfosis, hasta su suprema depuración.

-"Hermetismo" está muy bien dicho, señor Naphta. "Hermetismo", me gusta, es una verdadera palabra de magia, con asociación de ideas indeterminadas y lejanas.  Perdóneme, pero no puedo dejar de pensar en tarros de conservas que nuestra ama de llaves de Hamburgo, guarda en su despensa, alineados, sobre estanterías, con las bocas herméticamente cerradas.  Se hallan allí, alineados durante meses y años, y cuando se abre uno, según las necesidades, el contenido está fresco  e intacto.  Los meses y los años no han podido influir nada en la pureza del comestible.  Es verdad que allí no hay química ni purificación, sino sencillamente conservación; de aquí el nombre de conserva.  Pero lo que hay de mágico en eso es que esa conserva haya escapado al tiempo; ha sido herméticamente separada, el tiempo ha pasado por su lado; no ha tenido tiempo, ha permanecido fuera de él, fuera de su acción.¡ Bueno, basta ya con los tarros de conserva! No he sacado una gran consecuencia.  Perdóneme.  Creo que quería usted informarme más detalladamente.

-A condición de que usted lo desee.  Es preciso que el aprendiz esté ávido de saber y se muestre impávido, para hablar en el estilo de nuestro tema.  La tumba siempre ha sido el símbolo principal del pacto de alianza.  El aprendiz, el neófito que desea ser admitido a saber, debe demostrar su valor ante los terrores de la tumba.  Las costumbres de la orden exigen que, a título de prueba sea conducido a la tumba y permanezca allí hasa que es sacado de la mano por un hermano desconocido.  De aquí ese laberinto de pasillos y de bóvedas sombrías que el novicio debe atravesar, el paño negro de que se halla tendida la logía de la observación estricta, el culto del ataud, que desempeña un papel tan importante en el ceremonial de la consagración y de la reunión.  El camino del misterio y de la purificación está rodeado de peligros.  Conduce a través de angustias, a través del reino de la podredumbre, y el aprendiz, el neófito, es la juventud de los milagros de la vida, impaciente por verse provisto de una vida sobrenatural, guiado por hombres enmascarados que no son más que las sombras del misterio.

-Se lo agradezco mucho, profesor Naptha.  ¡Es magnífico!  Es eso, pues, la pedagogía hermética.  No puede haber daño alguno en informarse de esas cosas.

-No, puesto que se trata de una introducción a las cosas últimas, a la confesión absoluta del trascendente, es decir, del objetivo. La observación masónica alquimista, durante años seguidos, ha conducido muchos esíritus nobles e inquietos a ese objetivo y no tengo necesidad de nombrarlo, pues no habrá usted dejado de comprender que los altos grados escoceses no son más que un equivalente de la jerarquía sagrada, que la sabiduría alquimista del maestro francmasón se desenvuelve dentro del misterio de la metamorfosis, y que las directivas secretas que la logía de sus adeptos, se encuentran también netamente en la iniciación eclesiástica de la misma manera que los juegos simbólicos del ceremonial masónico se encuentran en el simbolismo litúrgico y arquitectural de nuestra Santa Iglesia Católica.  (...)

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