miércoles, 14 de enero de 2015

... En mi espejo

 
"Me obsesionan los espejos.  Hoy me enfrento a él con osadía para comprobar que tengo todos los signos del envejecimiento que prometen combatir los anuncios cosméticos.  Sin embargo, a pesar de las arrugas incipientes, los párpados caídos, la nariz grande y deformada, la excesiva finura de labio superior, creo que mis ojos brillan igual que a los veinte años y me pongo a canturrear  Hoy puede ser un gran día, de Joan Manuel Serrat, no sin antes pedir perdón a mi adorado Serrat por la infame entonación, voy como una flecha hacia mis viejos discos de vinilo, pongo uno de los más queridos a todo volumen y con el texto entre mis manos canto a pleno pulmón con mi desastrosa voz de la mañana, como si quisiera llamar la atención de los vecinos, Gracias a la vida, de Violeta Parra.
¡Dios!, ¿qué bulle en mi cabeza? Algo misterioso que me lleva sin solución de continuidad desde los cantos revolucionarios de Joan Manuel Serrat.  ¿Qué sustancia química influye en mis drásticos cambios de humor? ¿Me falta potasio o me sobra litio?  ¿Por qué la semana pasada estaba tan abatida que apenas podía contener las lágrimas y, como en la canción de Violeta Parra, hoy paso del quebranto a la risa?  No quisiera pensar que todo esto se debe a que un hombre me ha susurrado al oído frases de aliento como si fuera un caballo.   ¿Cuántos susurros similares habré despreciado a lo largo de mi vida?  Y ahora una leve insinuación afectuosa me llena de alegría."  (...)
 
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Fragmento del libro "Llegó el tiempo de las cerezas"  (Nativel Preciado)

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