sábado, 27 de junio de 2015

... Sultán nunca fue un muñeco de trapo


-Bueno, ¿te gusta o no?
-La verdad, está un poco espeluchau pero es bonito.
-Si lo quieres, es tuyo.
-¿De veras?
-Pues claro hombre.  Ya te lo he dicho.
-Tiene los ojos tristes, hasta vidriosos. diría yo.
-Es que no le gusta estar sujeto, y ya lleva un rato.
-¿Por qué lo tiene usted atado a la valla?
-Es que nos vamos de vacaciones y él no va a venir.
-No me joda. ¡A que llamo a un guardia!
-¿Lo quieres para ti, quieres llevártelo a tu casa?
-Es que no me gustan tanto como para tenerlo en casa.  Bueno..., la verdad es que mis padres no quieren.  Nunca han querido.  Mire, eso parece un par de lágrimas como las de cualquiera.  Llévelo a un alojamiento de esos que son como guarderías hasta que ustedes vuelvan.
-Te lo diré, es que ya no lo queremos en casa.  Se ha hecho demasiado grande ¿sabes?
-Pues..., a un sitio de esos.  A una clínica, que lo sacrifiquen y así no sufre.
-¿Tú sabes lo que cuesta ? No.  Pues eso.  Mira,  Si quieres ganarte diez euros te lo llevas y haces con él lo que quieras.
-¡¡Métase usted los diez euros...!!  No hay más que mirarle a la cara.  Mire ¡coño! que parece que entiende lo que estamos hablando.  ¡¡¡Guardiaaa!!!
Sultán había empezado a corretear haciendo ochos con la cuerda roja, a una velocidad, que apenas si se podía seguir con la vista.  Cogió impulso y brincó por encima de la valla.  Fue su último salto.