jueves, 9 de junio de 2016

... Éxtasis del arte



<<... "¿Cómo puede un hombre amar a una mujer que nunca le ha entregado su cuerpo? ¿Con qué juego perverso se ha entretenido en los últimos años? Ha sido un juego insensato y morboso, y seguramente necesitabas dejar esa relación desesperada, huir y refugiarte en la música"
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 Un hombre solo puede influir sobre una mujer de una única forma: a través de sus sentidos, con la fuerza de su cuerpo y de su alma. Y una mujer debe aceptar ese deseo esa voluntad, aceptarla en cuerpo y alma, con humildad; de lo contrario hay que dejarla. "Pero si en realidad la he dejado" contesté.
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"Algunos hombres aman con el cuerpo, otros con el dinero o con el intelecto. Yo la amo con la música" "En nuestra relación, la música ha constituido un vínculo más estrecho que cualquier vínculo erótico y carnal"
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... Sentía atracción por todo lo que fuera intelectual y artístico y no ocultaba que, a su entender, el talento era el rasgo más noble de la existencia humana, una nobleza que se impone a todo título heredado. "El artista debe su nobleza a Dios. El público solo puede brindarle su confirmación exterior."
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No tenía amigos; un artista no tiene a nadie, porque no puede compartir: toda su atención y toda la fuerza de sus sentimientos se concentran indivisiblemente en la única tarea para la cual ha sido elegido.
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A veces llegaba a tocar Bach o Chopin de una forma aceptable... ¿aceptable? La sala aplaudía, los críticos me elogiaban. Pero todo eso era un malentendido. Porque yo era la única persona que sabía lo que aún le debía al detalle, para lo que todavía no tenía bastante fuerza, disciplina y sacrificio..., no, eso solo lo sabía yo. No hay camino más desesperado que el que conduce hacia la perfección; con cada paso se abren distancias nuevas e inescrutables.
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Tocaría a Beethoven y Chopin, como era mi obligación. 
Entretanto seguiríamos juntos, mi cuerpo y yo, porque hay algo que tiene más fuerza que mi cuerpo, más fuerza que mi enfermedad, que la pasión y la voluntad del mundo, si, algo más fuerte que el destino y Dios: la disciplina del artista, la conciencia del demiurgo que no se apaga mientras no haya cumplido la tarea de la creación. Porque éste es el único terreno donde el hombre puede competir con Dios, donde en parte puede equipararse a Él: cuando crea algo a partir de la nada, al igual que hace Dios. Y mientras esa tarea lo mantenga con vida, la enfermedad y la muerte no podrán vencerlo. ¿Cuánto tiempo me quedaba? Tenía que tocar el piano durante una hora y media; por tanto, debía vivir hora y media más...>>
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Fragmentos del libro "La hermana" 
Autor, Sándor Márai

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