lunes, 25 de julio de 2016

... Hojarasca



Yo ni sabía que era sabia, eso lo dijiste tú, y que te encontrabas a gusto hablando conmigo, que te hacía sentirte muy bien. Después las conversaciones fueron más largas. Luego más frecuentes. Y más tarde, más largas y más frecuentes. Y empezó a corrernos el tiempo mezclado de un trato exquisito. Yo, ya esperaba tus encuentros con ansia. Tú también. Yo aprendía de lo que tú me contabas. Tú decías que estabas aprendiendo conmigo. Y seguía corriéndonos el tiempo. Y nos nació la confianza. Más tarde la confianza era plena. Después, la confianza ya era ciega. Y así, siendo los dos maestros de los dos pasaban los años. Tú diciendo que siempre ibas a estar. Yo, estando.

Un día me encontré con otra-sabia, o dos, o más. Yo lo vi. Tú me lo ocultaste, y lo mentiste... Mis neuronas dejaron de activarse, mi cuerpo se negó, se vació, hasta quedar convertido en reseca hojarasca. Tú, "siempre habías estado" a la busca de "sabias" de más y más sabias, dejando un reguero de hojarasca por las orillas de tu camino... Yo lo vi. Vi ese reguero. Demasiado tarde lo vi.
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del libro "Charlas con mi espejo"

2 comentarios:

  1. Que grande eres, un besazo, gracias por compartir tanta belleza.

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  2. Gracias a ti por leerme. ¿Quién dijo grande...? Tú lo eres y mucho. Besos!!!

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