lunes, 25 de julio de 2016

... Nando


Las tardes de los viernes Dª Fernandina recoge a su nieto Nandito del pensionado infantil para pasar el fin de semana en familia. Tanto para Nandito como para Dª Fernandina, este día, se ha convertido en el día más especial de toda la semana; y no solo por el regocijo que causa a ambos el hecho de estar un par de días juntos. Nandito sale con ganas de comerse las meriendas que le prepara su abuela, porque siempre llevan algo salado y algo dulce, y no como las de la escuela, que nunca están ricas, y además, las comidas y las cenas son de -poca cazuela- para repartir entre tantos niños como hay allí.
Abuela y nieto bien apretados de la mano, volvían a casa.

A Dª Fernandina se le ponen los ojos vidriosos y se le acelera el corazón cada tarde de viernes, cuando estrecha a Nando entre sus brazos. Por más que lo quisiera disimular; ante la mirada interrogante de Nandito, ella se apresura a responder que -aún le dura el constipado- o que -había pillado otro distinto durante la semana. Sin embargo, aquella tarde de viernes Nando no miró a los ojos vidriosos de su abuela. Salió corriendo del pensionado hablando muy deprisa, sin parar, atropellando de tal manera las palabras, que,  los oídos de Dª Fernandina no acertaban a entender que el niño relataba algo sobre Adán y Eva y la señorita de clase...

Al llegar a casa, Nando no fue corriendo a la cocina, como hacía siempre, donde lo esperaba la rica merienda de los viernes. Entró disparado en la salita, arrastró una silla hasta el cuarto de baño, se subió en ella delante del espejo elevando mucho el tono de su voz...

-¡¡¡Abuelita, abuelaaa!!! Si nuestros primeros padres eran blancos, ¿de dónde nacieron los negros...?

D" Fernandina tardó en responder una eternidad.

-El lunes..., cuando llegue el lunes se lo preguntamos a la maestra, ella tiene que saberlo... ¡Cariñico mío...!

Lo llenó de besos mientras los dos se contemplaban en el espejo. Luego, cogió al niño en brazos, retiró la silla y lo sentó delante de la merienda susurrando.

-Qué sabe nadie..., qué sabe nadie...
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Del libro "Charlas con mi espejo"

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