viernes, 9 de septiembre de 2016

... El ciruelo silvestre de mi calle


 

Ya se ha muerto del todo el ciruelo silvestre de mi calle. Se ha muerto el árbol de las flores blancas, abundantes, apiñadas. Vivía aquí, rodeado de abetos, de sauces, de acacias, de plátanos, de pinos, olmos y cipreses coloreando de verde la avenida, tunelando aceras, paseos y  farolas de sombra fresca...

En esta primavera anticipada de febrero, floreció la mitad del árbol, mitad blanco como si estuviera nevado, la otra mitad del color pardusco y gris de palitroques y sarmientos, parecía un dibujo partido por un trazo, a la izquierda las flores a la derecha los palos. Una mitad gris otra mitad blanco como resistiéndose al adiós mientras una muerte prematura iba acechando.

A mediados del verano, en el banco de la esquina donde yace el ciruelo, aquí, en uno de esos bancos de madera que invitan al descanso, está sentado un hombre mayor, me mira y mira el árbol, y habla, habla como para sus adentros...

-Qué pena ¿verdad usted? Se ha muerto el ciruelo, el único en su especie de todo el contorno. Yo venía siempre aquí, a verlo, a sentarme un ratito con él, y sigo viniendo, como cuando se acude a la tumba de un ser querido ¿sabe?  Y, a fuerza de días y de pensar, digo que a este árbol lo ha matado el vacío, sí señor, el vacío que le han hecho los otros árboles, por ser el más hermoso de esta avenida boscosa. Era un ejemplar único. Los otros árboles, aunque frondosos, nos pasaban desapercibidos, pero el ciruelo no, al ciruelo lo miraba todo el mundo. Y en febrero, cuando florecía, todos se paraban delante de él y se quedaban quietos, como pasmados, admirándolo, que eso lo he visto yo, y gente que no era del barrio y venían a ver el ciruelo silvestre florido. Y le han hecho veinte mil fotos, que eso lo he visto yo, y a los otros árboles, nada, ni tampoco nadie se paraba a mirarlos. Sus hermanos los árboles le fueron haciendo el vacío, lo ignoraron, lo ningunearon..., eso ha matado al ciruelo, lo mismo que mata a las personas la soledad, y ya está dicho y sanseacabó. Que yo no es que entienda de árboles, pero son seres vivos, que gozan y sienten y padecen..., igual que las personas.
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Esta mañana del  23 de diciembre del año 16 lo he visto, he visto el tronco serrado a ras de suelo y he sentido cómo un pinchazo me lastimaba. Adiós ciruelo, adiós.

3 comentarios:

  1. Seguro que a muchas personas les ocurre lo mismo mueren de soledad, de vacío ante las miradas de los demás...


    Feliz fin de semana.

    Un cálido abrazo

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    1. Intuyo que sí. Y aunque estén vivas, si padecen ese vacío, esa soledad, viven sin tener vida. Como si estuvieran muertas...

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