domingo, 4 de septiembre de 2016

... El grito



Entonces..., se escuchó un grito. Un grito infantil. Las personas que estaban alrededor se sobresaltaron. Una rabieta, justificó la madre. El hombre permaneció callado mirando con desdén a la niña que había hecho trizas la botella del agua.

El sol de poniente ha dejado un resplandor de fuego en el cielo de julio. No es de día ni es de noche, transcurren esos instantes fugaces que llamamos "entre dos luces". El parque del bario está a rebosar; gente sentada en las mesas del kiosco, en los columpios, en la orilla del estanque, tirada en el césped, paseando o haciendo fila en el puesto de helados. 

En el borde esquinado del estanque, el hombre y la mujer sentados a cierta distancia, manipulan cada uno en su móvil. La niña les habla. El hombre la ignora. La madre, sin levantar la vista del teléfono responde con monosílabos. La niña insiste; que su papá le ha dicho que mañana, cuando vuelva de su luna de miel, le traerá una bici rosa de esas que llevan una cesta en el manillar. Pero ellos..., a lo suyo.

La niña se sienta en un banco no muy lejos de donde está su mamá, bebe agua de una botella de plástico hasta que la termina, y luego empieza a golpearla contra el respaldo del banco. Han pasado unos cuarenta minutos. La botella está hecha trizas. La pareja sigue con los móviles. La niña, sentada en el banco.

Entonces..., se escuchó un grito infantil. Podría haber sido el grito determinante de un adulto, pero no lo era.
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Premio Microrrelato. Certamen Literario "Albert Jovell"  (Febrero de 2014)

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