martes, 6 de septiembre de 2016

...El mundo creció y nosotros con él.




El mundo creció y nosotros con él.  Y no podíamos imaginar, cuando niños, que se podría vivir sin estar alegres, sin jugar, sin esas ilusiones que te asolaban a todas horas, porque apenas recordábamos a los mayores riendo o entusiasmándose con algo.  Así hablándolo entre la chiquillería, nadie quería hacerse como "ellos" los adultos.  Sí queríamos hacernos grandes, pero nuestro propósito consistía en que seríamos diferentes a los que conocíamos.

Y llegó nuestra juventud, e hicimos las mismas cosas que ellos nos contaron que hicieron en la suya, pero con las diferentes  modernidades que traen los tiempos. Salimos con chicos, con chicas, ellos se fueron al servicio militar y nosotras guardamos su ausencia mientras bordábamos el ajuar. Después compramos una casa y nos casamos. Inconscientemente, empezó nuestra seriedad, luego, fuimos padres y la responsabilidad se hizo más grande y la seriedad también, e hicimos las mismas cosas que hicieron todos los padres y madres. Y los hijos lo llenaron todo, tu vida, tu sentimiento y todo el corazón, con gusto, muy a gusto, tanto, que llegas a olvidarte de todo lo demás.

Mientras tanto seguimos creciendo con el mundo y contemplando la misma historia que se repite, la propia vida que se renueva.  Ahora eres abuelo, aunque no tengas nietos estás en edad de ser abuelo y entiendes a tus abuelos, esa etapa que pensabas, de niño "cómo podrán vivir, tan serios, tan callados, tan haciendo esa vida de personas muy mayores..." 

Y, uno va descubriendo por sí mismo, que hay un porqué muy grande para cada etapa de la vida, para cada edad, que te hace seguir teniendo esas ganas de vivir en este camino del tiempo, tan largo para unos, tan corto para otros... Tan justo o injusto, tan insuficiente o no, ordenado, milimetrado o anárquico. Así hasta que acaba por cazarnos, por muy diligentes que seamos, el tiempo termina cazándonos a todos. El tiempo, esa materia de la que, se cree, está hecha la vida.
¿Qué pasó?  Pasó la vida.


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