miércoles, 7 de septiembre de 2016

... ¡Sembremos!


"Hermoso es entender y saber que jamás ha de morir un pensamiento; que así como tú, que lo engendraste, lo has recogido y creado del pasado todo, así lo has de trasmitir a todo el futuro"

Cuando alguna vez, en los momentos de desaliento, nos entra la tentadora idea de la inutilidad de nuestros esfuerzos, ponémonos a pensar en que nada se pierde, en que así como en el mundo físico no hay pérdida de materia ni de fuerza, no la hay de pensamiento en el mundo moral. No se pierde un átomo de fuerza, ni el más imperceptible y ligero movimiento; se transforman. Tampoco se pierde la menor idea sembrada. Con un solo espíritu en que caiga, basta; está salvada.

¿Que la mayor parte de nuestros esfuerzos son perdidos? ¿Que importa? ¿Que con un esfuerzo como mil apenas lograremos un resultado como uno? Y ¿quién mide el esfuerzo y el resultado: ¿Quién asegura que el que nos parece resultado inmediato no sea más que el arranque de una larga serie de resultados?

¡Sembremos! Sembremos y dejemos a la atmósfera moral que haga el resto, como el labrador confía en la lluvia  al aire y al sol sus semillas. Aremos el suelo de la sociedad, removiéndola; agitémosla y sembremos luego en ella ideas, abnegadamente, sin pensar en nosotros mismos Lo demás vendrá con el tiempo.

El espíritu de apostolado y propaganda es el signo de la juventud de un ideal. Seamos apóstoles y propagandistas del nuestro. Predicando en todas partes y de todas las maneras posibles, sin dejar pasar ocasión de exponerlo y presentarlo.

Que todo el que tenga algo que decir lo diga, sin dejarse dominar por aquello de que otro habrá que lo diga mejor. La propaganda pública es eficaz; pero personalmente de uno a otro, es íntimo coloquio, en trato directo. Casi todos los que llegan a influir poderosamente en una sociedad, tienen, como primera base y núcleo, un círculo mayor o menor de amigos sobre quienes influyen directa y personalmente. En este círculo hallan fuerzas y bríos, sentimientos de esperanza, de confianza y de fe para proseguir su obra.

Sembremos sin mirar hacia atrás, no vayamos como la mujer de Lot, a convertirnos en estatuas de sal que derrite la lluvia. Sembremos, caminando de cara al porvenir, y persuadidos de que es hermoso saber que jamás ha de morir un pensamiento, que así como nosotros, que lo engendramos lo hemos recogido y creado del pasado todo, así lo hemos de trasmitir a todo el futuro.
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Unamuno y la Educación.

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