miércoles, 21 de diciembre de 2016

... Todas las flechas de su carcaj me han alcanzado


<<... Entre mi nieto y yo el vínculo se ha roto, mi hijo, el padre de mi nieto está muerto. Mi nuera se casará con otro hombre. Mi nieto tendrá un nuevo padre, cuyo padre no soy yo. La casa de mi hijo no es mi casa. En lo que se refiere a mi hija, hasta el médico me ha dicho que la medicina no puede curar su enfermedad. Mi otro hijo probablemente esté muerto. Y el más pequeño aun cuando le fuera mejor, estaba enfermo. En mitad de Rusia, en medio de los peligros de una guerra, sin duda alguna habrá perecido. ¡No, amigos míos! Estoy solo y quiero estar solo. Todos estos años he amado a Dios y Él me ha odiado. Todos estos años le he temido. Ahora ya no puede hacerme nada. Todas las flechas de su carcaj me han alcanzado. Ya solo puede matarme. Pero para eso es demasiado cruel. Yo viviré. Viviré. Viviré.

-Pero su poder no es solo de este mundo. ¡Ay de ti, Mendel, cuando estés muerto!
Entonces Mendel rió con todo el pecho y dijo;
-No tengo miedo al infierno. Mi piel ya está quemada. Mis miembros ya están paralizados. Y los malos espíritus son mis amigos. Todas las penas del infierno las he sufrido ya. Más indulgente que Dios es el demonio. Como no es tan poderoso, no puede ser tan cruel. ¡No tengo ningún miedo, amigos míos! ...>>

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Fragmento del libro Job, de Joseph Roth
 (Historia de un hombre sencillo)

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