jueves, 18 de mayo de 2017

Tai Chi

Cuando tenemos el primer contacto con el Tai Chi, algunos nos quedamos cautivados por él. Además de ser saludable y de los beneficios inmediatos que obtenemos, como relajación y calma, se trata de algo exótico, estético y muy atractivo. Puede que incluso con una corta experiencia en el arte queramos convertirnos en instructores, máxime si nos seduce la imagen que nos hacemos de nuestro profesor. Deseamos librarnos de nuestro trabajo cotidiano y aburrido y cambiar de rumbo nuestras vidas hacia algo que intuimos como mejor, de modo que existen muchas expectativas cuando decidimos dar el paso.

Al principio quizás tengamos tanta ansiedad a la hora de ponernos frente a un grupo que en poco tiempo transmitimos todo lo que sabemos y nos sentimos sin más herramientas, como desnudos. Sin embargo no advertimos que los alumnos no entienden nada, porque es demasiada información a la vez y necesitan un ritmo más pausado para poder ir integrando lo que aprenden. Esto puede darse al sentir la necesidad de demostrar que somos buenos profesores y que sabemos mucho. Esta actitud podría ser inconsciente, pero nos demuestra que todavía somos muy inexpertos no sólo en la enseñanza, sino también en el Tai Chi. Seguramente nuestro profesor nos hacía repetir mil veces el mismo ejercicio. Creo que lo importante en este caso es seguir siendo alumno y mantener la actitud del principiante. De este modo podremos comprender mejor a nuestros alumnos y también seguir adquiriendo conocimientos de diferentes profesores.
Enseguida llegamos a una etapa en la que nos damos cuenta de que no es tan fácil enseñar Tai Chi y que la mayoría de nuestros alumnos tienen mucha dificultad para reproducir y memorizar nuestros movimientos. Muchas veces debemos inventarnos ejercicios para ayudar a entender después otro, que era el original. Es una etapa muy creativa y enriquecedora, sobre todo si la compartimos con otros profesores de Tai Chi. Si no se da esta etapa podríamos sentir frustración al no poder llegar al alumno y decidir dejar la enseñanza.


También puede llegar un día en que nos demos cuenta de que sólo un porcentaje bajo de nuestros alumnos quiere practicar seriamente Tai Chi y profundizar en su práctica, intensificándola e integrándola en el día a día. La mayor parte del grupo se lo toma como algo que le ayuda en su dolor de espalda, que elimina la tensión acumulada durante el día y que le permite relacionarse con otras personas. Debemos saber cuál es nuestra intención al enseñar. Si nuestro objetivo es que sean impecables como practicantes de Tai Chi, tomando para ello un compromiso con su práctica, podemos llegar a frustrarnos. Si por el contrario vemos el Tai Chi como un instrumento para ayudar al alumno a vivir la vida mejor y de manera más consciente, el abanico de posibilidades se vuelve más rico. 

Aunque nuestra práctica diaria sea mucho más exigente, nuestras clases pueden adaptarse al grupo que tenemos delante sin que esto frene la posibilidad de avance en los alumnos con más cualidades y expectativas de profundizar. En este momento, si no antes, desaparecerá la necesidad de enseñar demasiado rápido o de demostrar todo lo que sabemos, ya que el objetivo principal para nosotros será que el alumno comprenda e integre en su cuerpo, su corazón y su mente la idea del Tai Chi: conectar con uno mismo y con los demás.

A veces nos encontramos dando una clase con pocas ganas porque estamos cansados o preocupados por algo, o quizá porque estamos pasando por un mal momento. Creo que un aspecto importante del arte de enseñar es la capacidad de entrar en otro nivel al comenzar la clase, a un nivel donde las preocupaciones de uno mismo pasan a un segundo plano y podemos entregarnos a los alumnos más fácilmente. Me parece importante que todos podamos disfrutar con la práctica del Tai Chi. Creo que tanto la alegría y el humor del profesor como la utilización de juegos en determinados momentos de la clase pueden ayudar a estimular a los alumnos.

Una etapa muy creativa e interactiva es cuando, lejos de sentirnos superiores a los alumnos, estamos abiertos y escuchamos lo que van descubriendo. Es un momento en que podremos aprender mucho de ellos y completar un poco más nuestra comprensión del Tai Chi. Algunas de sus preguntas nunca se nos habían ocurrido e incluso a veces no las sabemos responder, lo que nos hará seguir buscando y descubrir cosas nuevas. Si nuestra posición de profesor no nos permite escuchar, perderemos una buena oportunidad de enriquecernos como profesores, practicantes y personas.

j05

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