miércoles, 28 de junio de 2017

... Rayuela








Todas querían ser esa mujer despeinada que nadaba en ríos metafísicos, mientras, expectante, los ojos de Oliveira esperaban que el azar estuviera de su lado para ver su silueta cruzar el Pont des Arts. Ella era capaz de romper los puentes parisinos con sólo cruzarlos.


Julio Cortázar nació hace 100 años y uno de sus grandes legados fue Rayuela, una pieza lúdica, de encuentros azarosos y una tabla de navegación que permitía al lector tomar el timón de su lectura. Esta novela no sólo rompió esquemas de escritura, lenguaje y lectura, también fue capaz de idealizar a una mujer, con la misma vena “fatalista” que los poetas malditos, pero con el absurdo del patafísico Alfred Jarry.



Ya pasaron 50 años de los encuentros parisinos entre Horacio Oliveira y Lucía, pero esta musa metafísica sigue cautivando generaciones de mujeres que viven bajo el eterno complejo de La Maga

Rayuela
“A los primeros lectores de Rayuela, una generación anterior a la mía, les sirvió como una suerte de educación sentimental de su época. Para esa generación con ciertas pretensiones intelectuales, tanto el modelo de Oliveira como el de La Maga se convirtieron en iconos de un modo de ser contemporáneo de vanguardia, que rompía esquemas”, opina la escritora, quien adjudica la fascinación que despierta el personaje, por la manera que Cortázar tiene de presentarla: “una mujer para ser admirada, para ser reverenciada, que te hechice como hada mágica. Es esa mirada masculina que cifra en la mujer una suerte de misterio y que se relaciona con ella sin realmente tener un entendimiento”.

“Nunca fue un modelo para mí. Sí ​en cambio, era un modelo​ la novela donde ​La Maga flota, como una ilusión​. Esa novela​ juguetona, movible, lírica, cargada de ideas, de humor, de alegría juvenil, me marcó”. 


La Maga ha fascinado a hombres y mujeres, ha inspirado blogs, ensayos y conferencias, a pesar de que este personaje está alejado de toda perfección y en ocasiones es minimizado por el mismo Oliveira, por su falta de cultura. Pero en el instante en que ella desaparece, la mujer pasa a un terreno más celestial y se convierte en ese amor platónico, que ni el azar podrá volver a juntar.

Hace unos años, La Nación de Argentina publicó una entrevista con una mujer octogenaria de nombre Edith Aron, la verdadera Maga. Ella habló de sus encuentros con el argentino, muchos gobernados por el azar, otros no, y que el autor efectivamente le dijo que se había basado en ella para Rayuela y que la muerte de Rocamadour significaba la muerte del amor de Oliveira por Lucía.

Con RayuelaCortázar ha inspirado a escritores de todo el mundo, y si bien La Maga fue el arquetipo femenino que volteó “como calcetín” la mente de muchas jóvenes de su tiempo y de la siguiente generación, el influjo se ha diluido, naturalmente, con el tiempo; pero no lo suficiente para desaparecer. Hoy en las redes sociales pueden encontrarse aún decenas de Magas que nadan en ríos metafísicos y cruzan puentes confiadas en que el azar las lleve a encontrar a un Oliveira con el que jueguen a ser cíclopes mientras sus bocas luchan tibiamente.

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