sábado, 15 de julio de 2017

... Era ella. Reminiscencias del gran Chaplin por el centro de Madrid

Es el mes de julio, mediados de julio. Ayer a las 16:00 horas el termómetro entre sol y sombra en el centro de Madrid, allí, en la calle Gran Vía, marcaba 47º. Cinco veces tuve que mirarlo. Yo acababa de salir del metro, me había quedado "helada" dentro de los vagones de la L-2. Cuando salí a la superficie y, mientras escrutaba dicho termómetro, me sacudió una ráfaga de viento que parecía proceder de un calefactor a la máxima potencia. No sabía dónde meterme... Llegó un autobús, un autobús cualquiera, no me importaba qué número llevaba en el frente, ni dónde iba. Solo quería volver a esos escasos 20º que había dejado en el subsuelo. Y allí pasé unas horas de la tarde del viernes, hasta la puesta de sol, metida en los autobuses al amparo de sus 14 o 17 grados sobre cero.
Cuando bajé del autobús volví a ver a Geraldine Chaplin, sí, esa misma, la que hace de Tonia en Doctor Zhivago, la actriz favorita de Carlos Saura, la hija del gran Charlot. La he visto varias veces; menuda, ágil, de ojos vivarachos, camina rápido como con prisas, por el atuendo yo diría que va al gimnasio o similar, aparenta una edad difuminada saltando muchas décadas. Su sola presencia rezuma arte..., y deja entrever fotogramas en blanco y negro del cine mudo en la figura de su padre. No era efecto del calor de la calle,ni del frío del aire acondicionado del autobús. Era ella.

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