jueves, 9 de febrero de 2017

... Elegirnos, estarnos y sabernos, vivirnos y durarnos así que pasen los años

                     
Hablar con él era mejor que ver una buena película o leer el mejor de los libros. Siempre ahí. Intuyéndome. Ensanchando las alegrías y partiendo las penas en dos. Podíamos contarnos hasta la vida de las hormigas, charlar sobre mil historias distintas que igualmente resultaban interesantes. Las palabras no perdían fuerza, no perdían atracción, ni forma, ni respeto.
Eran casi las tres de la madrugada, las horas compartidas habían pasado en un vuelo, y ya, nos despedimos con las emociones trastocadas, llenos los dos y llenos de risas.  Después, debí quedarme dormida.
Hasta que el sonido del despertador marcó el fin, él, estuvo en mi sueño, y en complicidad ocupamos todos los rincones. Nunca antes lo había soñado, ¿quién envió este sueño que necesitábamos como al aire? ¿Quién mueve el orden de los sueños? Solo sé que anoche soñé con él, y en mi sueño, él soñaba que estaba dentro de mi sueño y yo soñaba que estaba como despierta.  
-¡Échalos de casa!  -dijo.
-¡¿Cómo?! ¿A quién?
-A tus hijos, ya son unos hombres…, respondió con una sonora y contagiosa carcajada
-No, no puedo.
-Ya, no puedes, pero deberías. 
-Oye, que ¿cuándo vas a venir por aquí?
-Pronto. Cuando te independices de tus hijos…
Reúno el valor para decir, hasta aquí, ya, y aparece dócil, con tintes de ternura, pero sin excusas. Diciendo aquí estoy, no quiero que te vayas, ya vuelvo. Bueno, no vuelvo porque nunca me he ido, porque nunca he querido marcharme, ni tú tampoco. Y me hace saber que esa ausencia suya, no es tal ausencia, que él, es que es así y, entonces, en mí, brota una distancia y me da por pensar que el presente tiende su ancla atrapando el tiempo, y que mis años siguen siendo treinta, si no fuera por esos malditos espejos que me delatan seguiría creyendo que nadie percibe mi edad, ni siquiera él, ni siquiera yo.  Sueño, realidad… ¿Dónde está la fina línea que los separa, cuando todavía siento el enredo de sus brazos, tan real, como este rítmico latido, como este cosquilleo en mi espalda, como esta risa que no se me va?       

jueves, 26 de enero de 2017

... Confusión y estupor


Cuando un cuerpo se encuentra expuesto al frío, el organismo estrecha los vasos sanguíneos menos importantes para dirigir mayor cantidad de sangre a los centros vitales. Las partes que dejan de recibir sangre (dedos, orejas, labios párpados...) se enfrían más rápidamente, adquiriendo rigidez. La cabeza, por su forma, pero también por la gran cantidad de piel empleada en el tapizado de la calavera, es por donde más calor se pierde. 

De entre los males causados por la exposición al frío, el más común es la hipotermia, que consiste en una temperatura corporal anormalmente baja. De no actuar rápidamente, proporcionando a la víctima alimentos y mantas, el frío puede rebasar la frontera de la piel y afectar a los órganos internos. Cuando rompe las defensas del cerebro y entra como una aguja helada en sus zonas sensibles, produce estados de delirio o confusión, también de estupor. Por ello, aunque la persona permanezca consciencte, puede dar muestras de desorientación. Si tiene sitio para caminar, lo hará de forma errática, con la mirada perdida, como si buscara un lugar inexistente en la dimensión que se mueve. Tampoco es raro que confunda la actualidad con el pasado o que crea que se encuentra en un lugar distinto del que está.

La hipotermia entra en el cuerpo de puntillas. Cuando adviertes que está en tu piel, seguramente ya ha dañado a varios conjuntos de células. En palabras médicas "las víctimas comienzan sintiendo un frío muy intenso, tiritan primero y luego sufren convulsiones, la sangre comienza a bajar de 35º y los músculos comienzan a agarrotarse hasta que llega una parada cardiorrespiratoria".

El titular de esta noticia aseguraba que los que se salvaron (navegando en patera) lo hicieron gracias al calor que se daban unos a otros, pues iban abrazados. Dentro de los próximos años, la única posibilidad de que se salven ellos y nosotros es que nos abracemos. Los veríamos con claridad de no ser por el estado de delirio confusión y estupor en el que hemos caído.
..........................................
Fragmento: El ojo de la cerradura (Juan José Millás)

viernes, 30 de diciembre de 2016

... Doce frases del genio Stephen Hawkings



1. "Inteligencia es la habilidad de adaptarse a los cambios".

2. "Dios no solo juega a los dados con el universo: a veces los arroja donde no podemos verlos".

3. "La gente no tendrá tiempo para ti si siempre estás cabreado y quejándote".

4. "Uno no puede discutir con un teorema matemático".

5. "La raza humana necesita un desafío intelectual. Debe ser aburrido ser Dios y no tener nada que   descubrir".

6."Las personas tranquilas y silenciosas, son las que tienen las mentes más fuertes y ruidosas".

7. "Al memorizar algo aumentamos el desorden del universo"

8. "Si los extraterrestres nos visitaran, ocurriría lo mismo que cuando Cristóbal Colón desembarcó en América y nada salió bien para los nativos americanos".

9. "Mujeres, ellas sí son un completo misterio".

10. "Me he dado cuenta que incluso las personas que dicen que todo está predestinado y que no     podemos hacer nada para cambiar nuestro destino, igual miran antes de cruzar la calle".

11. "No tengo miedo a la muerte, pero yo no tengo prisa en morir. Tengo tantas cosas que quiero hacer antes".

12. "Las personas que se jactan de su cociente intelectual son unos perdedores".