jueves, 21 de febrero de 2019

... Por tu insistencia, gracias Dani





Hay un célebre pasaje de El principito en el que Saint-Exupéry, sirviéndose de un diálogo entre el protagonista y un zorro, nos explica que la única manera verdadera de amar no es otra sino dedicarnos con paciencia y gozo al objeto de nuestro amor, porque sólo se puede amar aquello que se conoce, aquello que hemos modelado con nuestras manos, aquello que hemos cuidado con desvelo. Cuando el principito haya asimilado esta enseñanza, podrá decirle a unas flores engreídas que se creen las más hermosas del mundo: «Sois bellas, pero estáis vacías. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aun algunas veces callarse. Puesto que ella es mi rosa».

La vocación literaria ha sido para mí esa rosa por la que se puede morir, la rosa que he regado cada día de mi vida y protegido de las orugas del desistimiento; la rosa a la que he amado con todas sus espinas, aunque cada día me haga sangrar. Y mi amor por ella ha sido a un tiempo abnegado y perseverante, como el amor conyugal, y también arrebatado y demente, como el amor de las aventuras juveniles. Creo que este amor insomne a mi vocación, en la que he visto a un tiempo a mi esposa y a mi amante, es el que me ha permitido mantener la tensión que el oficio de escritor exige, durante ya casi treinta años. La vocación literaria se ha convertido así en mi compromiso constante sin llegar a envilecerse nunca de rutina, alumbrada cada día por una ilusión nueva.

Y no es que hayan faltado momentos difíciles: en muchas noches hurtadas al sueño, o en mañanas sucias de esterilidad, me he peleado a gritos con mi vocación; y con frecuencia hemos acabado a tortazo limpio, haciéndonos todo tipo de llagas y descalabraduras. La he visto marchar de casa, como una amante despechada, o echarme de ella, como una madre desairada y feroz; y a veces nos ha durado el berrinche muchas semanas. Pelearse con la vocación literaria es llevar siempre las de perder: ella puede estar indefinidamente lejos de ti, contemplando alevosamente cómo te retuerces de rabia y de tedio, contemplando los estragos que su abandono te causa; pues, cuando ella me falta, me vuelvo un ser desnortado e iracundo al que le falta la rosa a la que ha encomendado su vida, la rosa que perfuma sus noches sedientas de Dios, sus días avariciosos de belleza. Y siempre acabo pidiéndole perdón, siempre acabo suplicándole de rodillas que vuelva a mí, para dejar que la riegue otra vez, que la proteja de la intemperie (aunque bien sé que puede sobrevivir sin mi calor), que me deje escucharla cuando se queja, cuando se alaba, incluso cuando calla y está como ausente. 

A veces pienso que este combate amoroso y cruel con mi vocación literaria no ha tenido sentido, y que todas las palabras que he escrito son una hojarasca que se pudrirá o se llevará el viento; otras, en cambio, mi vocación me llena de esa alegría matinal que debió de inundar a Adán y Eva antes del pecado, cuando se dedicaron a poner nombres a todas las bestias que poblaban el Edén. Cultivar la rosa de la vocación literaria es «estar furioso, áspero, tierno, liberal, esquivo, alentado, mortal, difunto, vivo, leal, traidor, cobarde y animoso», tal como Lope decía que era estar enamorado.

Pero ni siquiera cuando mi vocación literaria se vuelve un noviazgo exultante con las palabras se me escapa que he elegido un oficio en vías de extinción, o tal vez ya extinto, como el de peraile o el de sereno, en un mundo donde la literatura ha sido desterrada de las escuelas y la tecnología es una plaga de langosta que ciega las vías por las que la literatura penetra en nuestras almas. Un mundo en donde un escritor empieza a resultar un armatoste inservible; un mundo que concede a la vocación literaria el mismo valor que a las virginidades custodiadas hasta el tálamo. En un mundo así, casi nadie quiere la rosa por la que el escritor está dispuesto a morir; y, mientras esa rosa se va quedando mustia, el escritor tiene que resignarse a vender en la feria de las vanidades flores de invernadero, pálidas y sin fragancia, o incluso flores de trapo, de colores chillones y perfume nauseabundo, que son las que le brindan unas monedillas.
Pero cuando vuelvo a casa, después de vender flores de producción industrial, me reencuentro con mi rosa. Y entonces soy el hombre más consolado del mundo.
... Juan Manuel De Prada ...


viernes, 8 de febrero de 2019

... Mágico invierno en la Cuesta de Moyano de Madrid

 

"Para que los ojos no olviden lo que el corazón puede olvidar"

Estaba escrito en el reverso a tinta azul de pluma estilográfica.
En la cara vista de la postal lucía brillante aquel camino nevado repleto de pinos. El camino tunelado de abetos cubiertos de nieve. El mismo camino que hicieran, de la mano, el día que salieron a pisar la nieve.

La tarjeta postal apareció dentro del libro, uno de esos libros viejos comprado en la conocida Cuesta de Moyano. El mismo libro que habían leído juntos hacía ya más de cuarenta años...

Él siempre había entendido que la distancia no puede borrar un sentimiento y aquella tarjeta postal, haciendo de marcapáginas dentro del libro de hojas sepia, lo había trastocado por dentro, era el libro de los dos. Y era su vida. La vida dentro de un una tarjeta postal.

jueves, 31 de enero de 2019

... La gente que prefiere estar sola tiene estas 6 peculiaridades en su personalidad



Cuando alguien prefiere tener un pequeño círculo de amigos y no le importa pasar tiempo solo, entonces se les llama solitarios. La gente los percibe como gente solitaria y deprimida. Aunque estas personas, en realidad, nunca se sienten solas.

De hecho, estar en su propia compañía es lo que les hace sentirse plenos. Se sienten más en contacto consigo mismos, piensan mejor y se dan cuenta mejor de las cosas que les rodean.
No es habitual que alguien se haga amigo de un solitario, sobre todo porque ellos son muy selectivos con la gente a la que se acercan. ¿Cuáles son los rasgos que hacen a alguien solitario?
Límites firmes
Un solitario siempre tiene límites firmes. Siempre saben que nunca están solos, incluso si fueran la última persona en el mundo.
Debido a esto, respetan los límites de las otras personas y esperan el mismo respeto a cambio. Si cruzas la línea, te lo harán saber cuanto antes. Piensan que si no puedes serte fiel a ti mismo, no puedes ser fiel a los demás.
Lealtad
A diferencia de los que necesitan ser el centro de la reunión, los solitarios no necesitan de atención. Pero una vez que encuentran alguien de quien quieren ser amigos, se convierten en los más leales que puedas encontrar.

Saben lo que valen, y si encuentran que tú también vales, te darán todo cada vez que lo necesites. Esto vale para relaciones, familia, trabajo y amigos.
Tienen una mente abierta
Solo porque prefieren su propia compañía a la de otros, no significa que sean cerrados ni rígidos. Siempre buscan actividades nuevas y aventuras.
Incluso encontrando cosas nuevas interesantes que hacer, siempre tienen que estar seguros de sus pensamientos antes de compartirlos con las demás.
Bien centrados
Cuando llega la adversidad y los retos, los solitarios no entran en pánico. La auto reflexión les ha preparado para situaciones como esas.
Se pueden sentir estrellados en algunas situaciones pero, en lugar de distraerse, pasan un tiempo solos para recargar pilas.

Fuente: Marcianos

miércoles, 30 de enero de 2019

... Qué decir de las palabras escritas en pocas palabras.



Literatura es la vida escrita hecha palabras y es un sedimento de la época, es historia, es estrategia, memoria, sentimiento, emoción, sonrisas, lloros, gozos, tragedia. Una bendición que puede quitarnos el sueño por entusiasmo o por todo lo contrario.

Quedarse a solas en cualquier rincón de casa. Lo demás viene solo. Escribir unas palabras a modo de nota, un apunte de cuatro palabras y esperar unos segundos contemplando el papel hasta conjugar. Jugar con ellas hasta que cobran vida, hasta que se convierten en poemas, en versos, en paisajes, en lugares, en historias, en sentimientos, en emociones, en personas y en personajes.

Literatura es la vida escrita hecha palabras, es el sedimento de la historia.
Para ser su cómplice basta con quedarse a solas, sin obligaciones, vivirlo como una aventura no como una obligación, sin protocolos, sin disciplinas, en una anarquía feliz, en esa anarquía en la que se consigue alcanzar el éxtasis mientras la escritura fluye, ese es el lugar ese es el espacio donde se siente más la libertad, donde me siento más libre.

Que es de personas solitarias, dicen. No sé. Solo sé que en esos instantes cuando las letras recorren el interlineado, llenando de contenido la hoja en blanco, es cuando me siento más en conexión consigo misma. Y, precisamente, es cuando me doy cuenta de que en esta actividad elijo estar sola porque sé, porque tengo la certeza de que nunca estoy sola ni nunca lo voy a estar, porque esa especie de sensaciones internas llenan el alma y colman la vida.

Sé también que, en mi caso, no es ningún refugio sino un gran placer que jamás me ha alejado de las personas sino que me acerca más a ellas. Esta soledad-ahogadora que dicen que, por fuerza, tenemos que sentir, en mi caso no la conozco, es más. a mí me ha enseñado a valorar más a las personas, a acercarme a ellas hasta hacerlas de mi vida una prioridad, la primera.
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... Madres


Mi madre tenía muchos problemas. No dormía y se sentía agotada. Era irritable, gruñona y amargada. Siempre estaba enferma, hasta que un día, de pronto, ella cambió.
La situación estaba igual, pero ella era distinta.
Cierto día, mi papa le dijo:
- Amor, llevo tres meses buscando empleo y no he encontrado nada, voy a tomarme unas cervecitas con los amigos.
Mi mama le contestó:
- Está bien.
Mi hermano le dijo:
- Mamá, voy mal en todas las materias de la Universidad...
Mi mama le contestó:
- Está bien, ya te recuperarás, y si no lo haces, pues repites el semestre, pero tú pagas la matrícula.
Mi hermana le dijo:
- Mamá, choqué el carro.
Mi mama le contestó:
- Está bien hija, llévalo al taller, busca cómo pagar y mientras lo arreglan, movilízate en autobús o en el metro.
Su nuera le dijo:
- Suegra, vengo a pasar unos meses con ustedes.
Mi mama le contestó:
- Está bien, acomódate en el sillón de la sala y busca unas cobijas en el clóset.
Todos en casa de mi mamá nos reunimos preocupados al ver estas reacciones.
Sospechábamos que hubiese ido al médico y que le recetara unas pastillas de "me importa un carajo de 1000 mg"
Seguramente también estaría ingiriendo una sobredosis.
Propusimos entonces hacerle una "intervención" a mi mamá para alejarla de cualquier posible adicción que tuviera hacia algún medicamento anti-berrinches
Pero cuál no fue la sorpresa, cuando todos nos reunimos en torno a ella y mi mamá nos explicó:
"Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que cada quien es responsable de su vida, me tomó años descubrir que mi angustia, mi mortificación, mi depresión, mi coraje, mi insomnio y mi estrés, no resolvían sus problemas sino que agravaban los míos.
Yo, no soy responsable de las acciones de los demás, pero sí soy responsable de las reacciones que yo exprese ante eso.
Por lo tanto, llegué a la conclusión de que mi deber para conmigo misma, es mantener la calma y dejar que cada quien resuelva lo que le corresponde.
He tomado cursos de yoga, de meditación, de milagros, de desarrollo humano, de higiene mental, de vibración y de programación neurolingüística, y en todos ellos, encontré un común denominador: finalmente todos conducen al mismo punto.
Y, es que yo sólo puedo tener injerencia sobre mí misma, ustedes tienen todos los recursos necesarios para resolver sus propias vidas.
Yo sólo podré darles mi consejo si acaso me lo piden y, de ustedes depende seguirlo o no.
Así que, de hoy en adelante, yo dejo de ser: el receptáculo de sus responsabilidades, el costal de sus culpas, la lavandera de sus remordimientos, la abogada de sus faltas, el muro de sus lamentos, la depositaria de sus deberes, quien resuelve sus problemas ó su llanta de repuesto para cumplir sus responsabilidades.
A partir de ahora, los declaro a todos adultos independientes y autosuficientes."
Todos en casa de mi mamá se quedaron mudos.
Desde ese día la familia comenzó a funcionar mejor, porque todos en la casa saben exactamente lo que les corresponde hacer.
Autor:
¡¡¡UNA MUJER FELIZ!!!
Transmítelo a tus amigas (hermanas, tías, hijas compañeras) y, a esos maravillosos hombres que guardas como amigos (padres, hermanos, hijos, trabajadores) 👍👍👍👍....muy buen mensaje ...se aplica a todas las Familias.


martes, 29 de enero de 2019

... Ojo con ellas


Andan por ahí, con su atrevido miedo, 
portando sus cincuenta, sesenta y más años,.
Lindas, leídas, viajadas, sensibles, ojo con ellas.
Vienen de cerrar una puerta con decisión, pero sin olvido. 
Amaron, construyeron, parieron, cumplieron. 
Amaron a su hombre, dieron alas a sus crías ,y ahora
desentumecieron las suyas: ¡ahí estaban!: ...intactas, brillantes, soberbias,majestuosas, listas para el vuelo:, no ya las de un hornero, ...sí las de una gaviota, soberana y curiosa.
Saben de la vida, y de tu hambre ,..porque con su cuerpo han sabido saciarlas..
Expertas en estupidez ,sarcásticas ,y en sus matices: ,se reconocen inmersas en ellas hasta el estupor ,soportaron mucho hasta el dolor;
Sabrán distinguirla, no lo duden, son expertas en economía,,la aplican en el gesto y al detalle..
Tienen un andar muy sensual ,
Ojo con sus caderas sabias: ya se estiraron y contrajeron,
se estremecieron y agitaron.
Saben del amor, en todos sus colores,desde el rojo resplandor al mustio gris. .Sus piernas fuertes arrastran raíces todavía
Prontas a sentir, van con una vieja canción en los labios, 
Caminan con una profunda intensidad en la mirada y delicada 
seguridad en su sonrisa.
Pero, si esta advertencia es tardía, y descubres que ya no puedes dejar de pensar en ella,entonces, ten cuidado de ahora en más,no te equivoques, no le arruines el dia, no les envíes un mensaje de texto.
Mejor invítala a tomar un café con mucho tiempo por delante..
No recurras al email,..preferirán un poema en la servilleta recordando sus épocas de romanticismo. 
No les hagas promesas, no le vendas falsas imágenes.
Mejor exhibe tu autenticidad mas despojada. 
No caigas, por rellenar, deja que respire un silencio en común.
Vienen de quemar las naves ,y cambiar comodidad indolente por riesgo vital. 
Avanzan por un camino incierto, pero elegido.
En su cartera, fotos, un perfume y algunas lágrimas. 
En su mirada, una decisión...
Ojo con ellas… 
tal vez, si tienes suerte, hay una en tu camino"

Jorge Eduardo Cinto.
Poeta Tucumano cuyo texto le pertenece

Arte Vania Electtra Tam.