jueves, 23 de abril de 2015

... El mito del amor




"Yo, amigo mío, esperaba un milagro.  ¿Qué milagro?  Sencillamente, que el amor fuera eterno, que rompiera la soledad con su fuerza sobrehumana y misteriosa, que disolviera la distancia entre dos seres humanos y derribase todas las barreras artificiales que habían levantado la sociedad, la educación, el patrimonio, el pasado y los recuerdos. (...)  Imaginaba que el milagro llegaría de la manera más simple.  Pensaba que el amor, en su crisol, derretiría cualquier oposición que hubiera entre nosotros".
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Sándor Márai

viernes, 17 de abril de 2015

... Y tú



El sentimiento más fuerte.
Nunca por necesidad.  
Nunca con cualquier alguien.
Elegirnos, vivirnos, estarnos y sabernos.
Y los giros del mundo parecerán mucho más bellos
y todos nuestros desgarros, algo más pequeños.



viernes, 10 de abril de 2015

... Réquiem por un viernes de abril



Hoy, los usuarios del metro de Madrid viajan con maletas, en su equipaje llevan un rictus de liberación, una expresión relajada, una mirada alegre... Tiempo libre, de aquí para allá, quedando con amigos, con la familia. !A la noche nos vemos!  Se repiten en las llamadas de los teléfonos móviles. El metro avanza en la oscuridad del subsuelo ajeno a todo, como cualquier otro día. En los pasillos los músicos del metro alegran con sus melodías los trayectos y transbordos.  Al paso de los transeúntes, las notas resuenan por los túneles y el eco desparrama los sonidos hasta donde es capaz de llegar, chocar y devolver, como si la megafonía del metro la hubiesen conectado al altavoz del violinista, que se afana acariciando las cuerdas, mientras sigue el compás simulando una danza, una danza estática que él recrea entre una conocida pieza de Mozart, una composición que, remueve emociones y hace despegar los pies del suelo. El metro se vacía cuando alcanza las estaciones del aeropuerto, Atocha, Avenida de América, Nuevos Ministerios, Estación Sur  o Chamartín.

En la superficie las autopistas van colapsadas, las calles también. El sol empieza a templar, el cielo de Madrid intensifica su color azul entre las ramas florecidas de los árboles, los trinos de los pájaros se dejan oír cuando el semáforo detiene la circulación rodada. El parque móvil del taxi no da abasto cargando viajeros y equipajes. En los autobuses urbanos viajan más maletas, las mismas alegrías, las mismas conversaciones telefónicas. Las señoras comentan qué comprarán para hacer las comidas y los postres de los días de vigilia, las golosinas para los niños o cuántos se sentarán a la mesa, lo que regalan y lo que les regalarán.  A los sitios que acudirán; a las procesiones, a la playa, a la sierra, al campo, a la nieve, a su pueblo de origen, al país de al lado o al país más lejano.

En el bulevar el aire huele a romero y palma, el puesto de flores exhibe ramilletes de romero florido y palmas grandes y pequeñas, historiadas y sencillas para el domingo de Ramos que es domingo de estrenar "el que no estrena el domingo de Ramos, no tiene pies ni manos..."

Al anochecer se apagan los escaparates, caen persianas y cierres. La muralla metálica se extiende a lo largo de las aceras de las calles comerciales. Madrid cerrado por vacaciones, Madrid vacío, Madrid silenciosa ciudad fantasma.
Era en aquellos tiempos remotos en que las personas dormían, vivían, iban iban y venían. ¿Eran otros tiempos o fue anteayer...?
Réquiem y lágrimas por aquellos viernes de abril.

miércoles, 8 de abril de 2015

... Amistad-es



<<...  Las relaciones basadas en la simpatía que he visto nacer y desarrollarse entre los seres humanos han terminado ahogándose invariablemente en los cenagales de la egolatría y de la vanidad.  Los intereses en común pueden producir situaciones humanas que se parecen a la amistad, también la soledad hace que las personas se refugien en relaciones íntimas: al final se arrepienten, aunque al principio creen que esa intimidad es ya una forma de amistad.  La amistad no idealiza a la persona que ha escogido como amiga, ya que conocen sus defectos y la acepta así, con todas sus consecuencias.  Esto sería el ideal.  Ahora hace falta saber si vale la pena vivir, si vale la pena ser hombre sin un ideal así...
Hay quien está convencido lo entiende así, de que la amistad es un servicio...>>

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El último encuentro, de Sándor Márai