sábado, 27 de junio de 2015

... Sultán nunca fue un muñeco de trapo


-Bueno, ¿te gusta o no?
-La verdad, está un poco espeluchau pero es bonito.
-Si lo quieres, es tuyo.
-¿De veras?
-Pues claro hombre.  Ya te lo he dicho.
-Tiene los ojos tristes, hasta vidriosos. diría yo.
-Es que no le gusta estar sujeto, y ya lleva un rato.
-¿Por qué lo tiene usted atado a la valla?
-Es que nos vamos de vacaciones y él no va a venir.
-No me joda. ¡A que llamo a un guardia!
-¿Lo quieres para ti, quieres llevártelo a tu casa?
-Es que no me gustan tanto como para tenerlo en casa.  Bueno..., la verdad es que mis padres no quieren.  Nunca han querido.  Mire, eso parece un par de lágrimas como las de cualquiera.  Llévelo a un alojamiento de esos que son como guarderías hasta que ustedes vuelvan.
-Te lo diré, es que ya no lo queremos en casa.  Se ha hecho demasiado grande ¿sabes?
-Pues..., a un sitio de esos.  A una clínica, que lo sacrifiquen y así no sufre.
-¿Tú sabes lo que cuesta ? No.  Pues eso.  Mira,  Si quieres ganarte diez euros te lo llevas y haces con él lo que quieras.
-¡¡Métase usted los diez euros...!!  No hay más que mirarle a la cara.  Mire ¡coño! que parece que entiende lo que estamos hablando.  ¡¡¡Guardiaaa!!!
Sultán había empezado a corretear haciendo ochos con la cuerda roja, a una velocidad, que apenas si se podía seguir con la vista.  Cogió impulso y brincó por encima de la valla.  Fue su último salto.

jueves, 18 de junio de 2015

... El hogar y el mundo


"Digo que nos ahogamos.  Principio de una sana política antillana: abrir las ventanas.  Aire.  Aire", escribe Césaire en Tropiques en 1944.
¿En qué dirección hay que abrir las ventanas?
Ante todo hacia Francia, dice Césaire; porque Francia es la Revolución, es Schoelcher; es también Rimbraud, Lautréamont, Breton; es una literatura y una cultura dignas del mayor aprecio.  Luego, hacia el pasado africano, amputado, confiscado y que contiene la esencia soterrada de la personalidad martiniquesa.
Las siguientes generaciones cuestionaron con frecuencia esta orientación cesairiana franco-africana insistiendo en la americanidad de Martinica; en su "créolité" (auténtico mosaico de colores de piel, pero una lengua específica); en sus lazos con las Antillas y toda la América Latina.
Y es que todo pueblo en busca de sí mismo se pregunta dónde se encuentra el eslabón intermedio entre su hogar y el mundo, dónde se encuentra, entre los contextos nacionales y mundiales, lo que llamo contexto medianero. Para un chileno es América Latina; para un sueco es Escandinavia. Evidentemente. ¿Y para Austria? ¿Dónde se sitúa su eslabón? ¿En el mundo germánico? ¿O en la Europa central multinacional? Todo el sentido de su existencia dependía de la respuesta a esta pregunta.  Después de 1918, y aún más radicalmente después de 1945, cuando salió del contexto centroeuropeo, se replegó sobre sí mismo o sobre su germanidad, dejó de ser la esplendorosa Austria de Freud o de Mahler, y pasó a ser otra Austria, con una influencia cultural notablemente restringida Grecia tiene el mismo dilema, pues comparte a la vez el mundo europeo-oriental (tradición bizantina, Iglesia ortodoxa orientación rusófila) y el mundo europeo-occidental (tradición grecolatina, fuerte lazo con el Renacimiento, modernidad)  En polémicas apasionadas, austriacos y griegos pueden cuestionar determinada orientación a favor de otra, pero, tomando cierta distancia, habría que reconocer que hay naciones cuya identidad se caracteriza por la dualidad, por la complejidad de su contexto medianero, y en ello reside precisamente su originalidad.
Volviendo a Martinica, yo diría lo mismo: es la coexistencia de diferentes contextos medianeros lo que produce la originalidad de su cultura.  Martinica: intersección múltiple; encrucijada de continentes; un diminuto pedazo de tierra donde confluyen Francia, África y América.
Sí, es hermoso. Muy hermoso, salvo que a Francia, África y América les importa un pepino.  En el mundo de hoy, apenas se oye la voz de los pequeños.
Martinica: el encuentro de una gran complejidad cultural y de una gran soledad.
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Milan Kundera. UN ENCUENTRO (ensayo)


miércoles, 17 de junio de 2015

... Solo como la luna


En todos los cuadros de Breleur, la luna, en forma de cruasán, está en posición horizontal, con sus dos extremidades apuntando hacia arriba, como una góndola flotando en las olas de la noche.  No es una fantasía del pintor, en Martinica la luna es realmente así.  En Europa, el cruasán está de pie: combativo, como un feroz animalito sentado, listo para saltar, o también, si quieren como una guadaña perfectamente afilada; la luna de Europa es la de guerra.  En Martinica, es apacible.  Tal vez por eso Ernest le ha prestado un color cálido, dorado; en sus cuadros míticos, representa una felicidad inaccesible.
Es curioso: lo comento con algunos martiniqueses y compruebo que no saben cuál es el aspecto concreto de la luna en el cielo.  Pregunto a los europeos: ¿se acuerdan de la luna de Europa? ¿Qué forma tiene cuando llega y cuando se va?  No lo saben.  El hombre ya no mira al cielo.
Ignorada, la luna ha bajado a los cuadros de Breleur.  Pero los que ya no la ven en el cielo tampoco la verán en los cuadros.  Estás solo Ernest. Solo como Martinica en medio de las aguas.  Solo como la concupiscencia de Depestre en el monasterio del comunismo.  Solo como un cuadro de Van Gogh bajo la mirada idiota de los turistas.  Solo como la luna que nadie ve.
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Milan Kundera. UN ENCUENTRO (ensayo)

martes, 16 de junio de 2015

"El gesto brutal del pintor: sobre Francis Bacon"


<<...  En su reflexión sobre Beckett, Bacon dice: "En pintura siempre dejamos demasiados hábitos, nunca los eliminamos lo suficiente..,".  Demasiados hábitos quiere decir: todo lo que no es un descubrimiento del pintor, su aportación inédita, su originalidad; lo que es herencia, rutina, relleno, elaboración considerada como necesidad técnica.  Son por ejemplo, en la forma de la sonata (incluso entre los grandes, Mozart o Beethoven ), todas las transiciones (con frecuencia muy convencionales) de un tema a otro.  Casi todos los grandes artistas modernos intentan suprimir estos "rellenos", quitar todo lo que proviene de un hábito, todo lo que les impide abordar, directa y exclusivamente, lo esencial (lo esencial: lo que el propio artista, y solo él, puede decir)...  >>
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Fragmento del libro Un encuentro (ensayo) de Milan Kundera.
(El gesto brutal del pintor: sobre Francis Bacon)

sábado, 13 de junio de 2015

"Las mujeres miden el paso del tiempo...."



<<...  ¿Cómo podía quejarse de que los demás ya no se interesaban por ella cuando aquella misma mañana él había estado dispuesto a matarse en la carretera con tal de acudir lo antes posible a su lado?  Sin embargo, menos de una hora después, había terminado por decirse: todas las mujeres miden el paso del tiempo según el interés o el desinterés que los hombres manifiestan por su cuerpo. ¿No sería ridículo sentirse ofendido por eso? No obstante, aun sin sentirse ofendido, no estaba de acuerdo. Porque el mismo día de su primer encuentro había visto asomar en su cara la huella aún leve del paso del tiempo.  Su belleza, que entonces le llamó la atención, no la hacía más joven de lo que correspondía a su edad; podría decir más bien que su  edad hacía que su belleza fuera aún más elocuente...>>
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Fragmento del libro La identidad, de Milan Kundera.

martes, 9 de junio de 2015

... "Regar los recuerdos"


"La amistad le es indispensable al hombre para el buen funcionamiento de su memoria.  Recordar el propio pasado, llevarlo siempre consigo, es tal vez la condición necesaria para conservar, como suele decirse, la integridad del propio yo.  Para que el yo no se encoja, para que conserve su volumen, hay que regar los recuerdos como a las flores y, para regarlos, hay que mantener regularmente el contacto con los testigos del pasado, es decir con los amigos. Son nuestro espejo, nuestra memoria; solo se les exige que les saquen brillo de vez en cuando para poder mirarnos en él."
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Fragmento del libro La identidad, de Milan Kundera.

lunes, 8 de junio de 2015

... Atisbando la vida


"Y fue entonces cuando se le ocurrió plantearse cuál había sido el balance de ese aspecto suyo (con pelo) que desaparecía, cuáles habían sido realmente las vivencias  y las satisfacciones que había tenido aquel aspecto, y, se quedó paralizado al darse cuenta de que había disfrutado bastante poco; al pensar en aquello sintió que se ruborizaba; sí, le daba vergüenza: porque vivir en este mundo tanto tiempo y que a uno le pasen tan pocas cosas es vergonzoso."
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Fragmento: Milan Kundera.  El libro de los amores ridículos.

jueves, 4 de junio de 2015

... Cuarenta años


Sí, tengo cuarenta años...  Cuarenta años son toda una vida; son..., una verdadera vejez. Vivir más de cuarenta años es una inconveniencia, algo inmoral y vil. ¿Quién vive después de cumplir cuarenta años? ¡Respondan con sinceridad, honradamente! Voy a decírselo; los imbéciles y los bribones. Sí, esos son los que viven más de cuarenta años.  ¡Se lo diré a la cara a todos los ancianos, a todos esos respetables viejos de plateados y perfumados cabellos!  Lo proclamaré ante el universo entero. Tengo derecho a hablar así porque yo viviré hasta sesenta, hasta los setenta, hasta los ochentas años... ¡Esperen!  ¡Déjenme recobrar el aliento! 
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"Memorias del subsuelo" de Fedor Dostoyesvski