domingo, 17 de abril de 2016

"La tradición eterna"


<<...  Pero lo que pasa queda, porque hay algo que sirve de sustento al perpetuo flujo de las cosas (...)

Hay una tradición eterna, como hay una tradición del pasado y del presente (...). Si hay un presente histórico, es por haber una tradición del presente, porque la tradición es la sustancia de la Historia. Ésta es la manera de concebirla en vivo, como la sustancia de la Historia, como su sedimento, como la revelación de lo intrahistórico, de lo inconsciente en la Historia (...).

Las olas de la Historia, con su rumor y su espuma que reverbera al sol, ruedan sobre un mar continuo, hondo, inmensamente más hondo que la capa que ondula sobre un mar silencioso y a cuyo único fondo nunca llega el sol. Todo lo que cuentan a diario los periódicos, la historia del "presente momento histórico", no es sino la superficie del mar, una superficie que se hiela y cristaliza en los libros y registros, y una vez cristalizada así, una capa dura, no mayor con respecto a la vida intrahistórica que esta pobre corteza con relación al inmenso foco ardiente que lleva dentro. Los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia que a todas las horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que como las de las madréporas suboceánicas echan las bases sobre las que se alzan los islotes de la Historia (...).

Esa vida intrahistórica, silenciosa y continua como el fondo mismo del mar, es la sustancia del progreso, la verdadera tradición, la tradición eterna, no la tradición mentira que suele ir a buscar al pasado enterrado en libros y papeles y monumentos y piedras...>>

(Miguel de Unamuno)

viernes, 8 de abril de 2016

... La tarea de escribir



<<...  Imprimió en papel el texto. Luego guardó el documento, apagó el ordenador y lo apartó hacia un lado de la mesa. Entonces se puso la copia que había imprimido delante y la releyó cuidadosamente con un lápiz en la mano. Aquellas partes que consideraba sobrantes las tachaba de nuevo y las que le parecían insuficientes las completaba y corregía hasta que quedaba convencido de que no había nada que desentonara con el resto. Ponía todo su cuidado en elegir las palabras que cada caso requería y probaba a encajarlas desde diferentes ángulos, como quien elige azulejos para cubrir pequeñas fisuras en un baño. Si no encajaban bien, modificaba la forma. Una ínfima diferencia de matices podía dar vida a un texto o echarlo a perder. 

La impresión que producía un texto, aun siendo el mismo, al verlo en la pantalla del ordenador o impreso en folios era ligeramente diferente. El tacto de las palabras también cambiaba dependiendo de si estaban escritas con lápiz en papel o de si habían sido tecleadas en el ordenador. Era necesario inspeccionarlo desde las dos ópticas. Encendió el aparato e introdujo en la pantalla cada corrección realizada a lápiz en la copia impresa.

Sentado en la silla, Tengo estiró la espalda, miró hacia el techo y lanzó un gran suspiro. Por supuesto, eso no quería decir que hubiera terminado. Si cada día lo releía, encontraría nuevas cosas que corregir...>>

Haruki Murakami