martes, 30 de agosto de 2016

... Todo vuelve, no dudes, todo vuelve, ¡vuelve la vida, vuelve la muerte!

                                                 
                                                     
 [Han vuelto los vencejos]

Han vuelto los vencejos 
(las cosas naturales vuelven siempre):
las hojas de los árboles, 
a las cumbres las nieves.
Han vuelto los vencejos;
lo que no es arte vuelve;
vuelta constante es la Naturaleza
por cima de las leyes.
Han vuelto los vencejos;
¿ves cómo todo vuelve?
todo lo que ha brotado al sol desnudo
de la inexhausta fuente;
todo lo que no fue de algún propósito
producto endeble.
Han vuelto los vencejos,
¡augusto ritmo, única ley perenne!
¡El año es una estrofa
del canto permanente!
Todo vuelve, no dudes, todo vuelve,
¡vuelve la vida,
vuelve la muerte!
¡Cuanto tiene raíces en la tierra
al fin y al cabo vuelve!
Han vuelto los vencejos,
y al pecho aquellas mismas ansias vuelven!...
Ahora comprenderás lo que en la vida
quiere decirnos: "¡siempre!"
Siempre quiere decir la vuelta, el ritmo,
la canción de la mar en la rompiente;
si la ola se retira
ha de volver, pues es de lo que vuelve.
Vuelve todo lo que es naturaleza,
 y tan solo se pierde
lo que es remedio vano de los hombres:
sus artificios, invenciones, leyes...
Han vuelto los vencejos,
como ellos vuelven..., ¡siempre!
con su alegre chillar el aire agitan,
y el cielo con su raudo ir y volverse
al caer la tarde
cobrar vida parece.
No se posan, ni paran, incansables;
sus pies, ¿pa `a qué los quieren?
Les basta con las alas,
criaturas celestes.
Con ritmo de saeta, ritmo yámbico,
los versos vivos de su vuelo tejen,
chillando la alegría
de sentirse vivientes...
Han vuelto los vencejos;
los del año pasado, los de siempre;
los mismos de hace siglos, 
los del año que viene,
los que vieron volar nuestros abuelos
encima de sus frentes,
y encima de las suyas nuestros nietos
verán también volar negros y leves.
Han vuelto los vencejos,
 criaturas del aire que no mueren
-¿quién muertos los ha visto?-.
heraldos de la vida, amantes fieles
del largo día de la mies dorada;
¡han vuelto los de siempre!...
¡Vencejos inmortales,
alados hijos de natura fuerte,
heraldos de cosechas y vendimias,
mensajeros celestes,
bien venidos seáis a nuestro cielo,
vosotros..., los de siempre!
..................................

Libro DE TERESA (1924)

(Rimas de un poeta desconocido, presentadas y presentado por
Miguel de Unamuno)
........................................

Vencejo común

(Apus apus)

Los vencejos suponen la adaptación extrema de las aves a la vida aérea. Todo su ciclo vital se puede desarrollar en vuelo, excepto la nidificación, si aterriza en el suelo por accidente será incapaz de levantar el vuelo al menos que se les ayude, le resulta muy difícil levantar el vuelo aterrizar le supone un desafío para sus frágiles patas. Un ave capaz de volar mientras duerme.

sábado, 27 de agosto de 2016

... Huellas del tiempo



Hubo un tiempo en que todas las varillas de mi abanico estaban intactas. A medida que pasaba el tiempo y los años comenzaron a deteriorarse. La tela que sujetaba el armazón iba cambiando su precioso colorido por tonos aviejados a cada trastazo al corazón..., apenas ya si da aire..., apenas ya si puedo respirar...

Me acomodo delante del ordenador portátil, y le cuento, le cuento todo; sabe tanto de mí... Más que yo misma... Cualquiera que pudiese abrirlo tendría ante sí un diario, mi diario, mis neuras camufladas en forma de poemas..., corazón cableado. No sabes tú ni nada, cuánta evasión repartes por las vidas..., gélida máquina removedora de ánimos conectados con el mundo, amasijo de cables, consumidor de tiempo. Asustas.

No, yo no te entregaré mi vida, tú estarás a mi servicio, es una orden, grábala bien en tu memoria, y recuérdamelo cuando ya no pueda recordar, ¡es una orden!

Despliego con furia el abanico esclava de su vaivén en una tarde helada de febrero..., golpeando una y otra vez ese aire que asfixia, desde esta edad en que las mujeres se vuelven invisibles a los ojos de los demás, borrándoles los sentimientos y las emociones. Una vez, y otra, y otra..., lo agito sobre mi corazón aliviando sudores...
....................................

Del libro "Charlas con mi espejo"

miércoles, 24 de agosto de 2016

... Dormir del todo



"Yo no iba a conseguir nunca más dormir del todo. Había perdido, como de costumbre, esa confianza, la que hay que tener, realmente inmensa, para quedarse dormido del todo entre los hombres. Habría necesitado al menos una enfermedad, una fiebre una catástrofe concreta, para poder recuperar un poco esa indiferencia, neutralizar mi inquietud y recuperar la tranquilidad idiota y divina, Los únicos días soportables que puedo recordar a lo largo de muchos años fueron los de una gripe con mucha fiebre"
........................................
Céline. "Viaje al fin de la noche"

martes, 23 de agosto de 2016

... La gran fatiga


"La gran fatiga de la existencia tal vez no sea, en una palabra, sino ese enorme esfuerzo que realizamos para seguir siendo veinte años, cuarenta, más aún, razonables, para no ser simple, profundamente nosotros mismos, es decir, inmundos, atroces, absurdos. La pesadilla de tener que presentar siempre como un ideal universal, superhombre de la mañana a la noche, el subhombre claudicante que nos dieron"
...................................................
Céline. "Viaje al fin de la noche"

viernes, 19 de agosto de 2016

... Qué hay entre tú y yo


Pregúntale a la vida por qué nos encontramos. Pregúntaselo tú que eres…, eres más lobo, más buscador, más conseguidor.
Dímelo tú que hablas más contigo.

¿Qué somos? Nos escondemos tantas veces ocultando nuestros sentimientos, o eso creo yo. Si te vas y vuelves, y me voy y también vuelvo ¿qué hay entre tú y yo? No sé qué nombre ponerle.
Dímelo tú que hablas más contigo.

Seguí tus pasos y ellos me alejaron de ti, encontré un corazón vacío, inimaginable, y me quiero marchar pero no me dejo, no me dejas, no quieres ver cómo el paso del tiempo nos está haciendo añicos ni yo tampoco, y a mí, me falta nada para refugiarme otra vez a tu lado, me falta una sonrisa, esa mueca cómplice que nos reconcilia siempre. ¿Y, para qué? ¿Durante cuánto tiempo duermo serena, enredada entre tus brazos…?
Dímelo tú que hablas más contigo.

No encuentro entre nosotros ese amor reposado que dicen que nace del día a día, de  la comprensión lenta, del paso del tiempo, no lo encuentro. No vislumbro entre nosotros ese vínculo, fuerte, que dicen que crece a base de sosiego, de placidez, de la calma…  Nuestra historia es un brusco vaivén estoy adivinando, un brusco vaivén del que ninguno de los dos nos queremos bajar. 


sábado, 13 de agosto de 2016

... La nada, el todo.

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.
(José  Hierro).

viernes, 12 de agosto de 2016

"... el amor es una pequeña cosa que alguien tiene y te presta..."



<<... Qué difícil saber, cuándo podemos decir "nosotros" con certeza. Y la culpa es de los que aman. Son ellos los que provocan las situaciones que van royendo esa mera apariencia de amor que los amados, más torpes o más desinteresados, no habían desenmascarado todavía. Es el amante el que llama su atención sobre la circunstancia de que aquella pobre relación no es el amor Porque el amante sabe que toda su felicidad depende cada vez de otra persona. Y comienza a sentir por ella, mezclado con la adoración que produce tal certidumbre, un extraño rencor. El rencor del preso por su carcelero, de quien sin embargo depende enteramente su libertad. Y sabe el amante que en las manos del otro está lo que más le importa, como un objeto precioso en las manos de un niño, al que no se debe decir la trascendencia atroz de lo que lleva, no se asuste y lo deje caer. Y al mismo tiempo ve el amante que, no sabiendo el otro lo que él sabe, su ira queda injustificada. La ira que promueve la tirantez, la palabra de la que se arrepentirá, los celos que lo llenan todo como una terrible enfermedad que hubiera entrado en una casa y solo de la cual, en adelante, fuese posible hablar. La ira que acabará por destruir lo poco que ahora existe, transformado el amante en verdugo de sí mismo.

Entonces es cuando éste se siente culpable por su terquedad, por su falta de comprensión, por los rechazos de la blandura que, alguna vez y por su causas desconocidas, se despierta débilmente en el que ama. Y esa conciencia de culpabilidad y ese rencor, que son hijos del amor, acaban -el amante lo sabe, lo huele en el aire- por devorar el amor que los produjo. Y se queda solo el amante diciéndose: "Me ha abandonado", cuando es él quien ha expulsado al que amaba con recriminaciones, con excesos, con imprevistas furias que el otro nunca comprendía, que al otro le parecieron insoportables y fingidas. Porque el amante es como un insensato que quisiera llevar, colgado de su cuello continuamente, el mar dentro de un minúsculo guardapelo.

Nadie sino el que ama puede saber cómo no es igual llegar con un poco de retraso a una cita. Cómo se puede morir y resucitar demasiadas veces para no fatigarse. Y sin embargo, cómo el corazón no se fatiga y sigue, un día y otro, esperando que vengan a buscarlo, que lo llamen, que alguien entre diciendo "soy yo", como si supiera que "yo" no puede ser nadie más que él. Con esa seguridad del que es amado, y lo sabe, y no se preocupa por dejar de serlo. Porque para él el amor es una pequeña cosa que alguien tiene y te presta, y tú la usas, casi por cortesía, para no disgustar al dueño de ella...>>
..........................
Antonio Gala