miércoles, 29 de marzo de 2017

... Aprendiendo


"Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma.
Y uno aprende que el AMOR no significa acostarse.
Y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender ....
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes ... y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del Sol puede quemar.
Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende ... y así cada día.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien, porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás con una persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados y que quien no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de falsas amistades.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira siguen hiriendo durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, es muy probable que la amistad jamás sea igual.
Con el tiempo te das cuenta que aun siendo feliz con tus amigos, lloras por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.
Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el sendero del mañana no existe.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen, ocasiona que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás a los que se marcharon.
Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba ya no tiene sentido.
Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo..."
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Jorge Luis Borges - Aprendiendo -

jueves, 23 de marzo de 2017

... Pudo haberte pasado a ti


- foto simbólica -

Acababa de cumplir diecinueve años cuando falleció la primera persona de mi entorno familiar. Cuánto nos queríamos, cuánto iba a echarlo en falta, lo quería como a un segundo padre.

Ese cariño tan grande me llevó a querer saber de él, si había alguna manera de saber cómo y dónde se encontraba en ese mas allá de la vida yo quería saberlo y si para ello tenía que rezar los ochocientos padrenuestros que me recomendó aquella persona provista, o eso decían, de un don sobrenatural, los rezaría, y los recé. "No hay nadie tan bueno que pueda entrar en el cielo desde el primer momento de su muerte, él está en el purgatorio, pero a las puertas del cielo, solo necesita que reces ochocientos padrenuestros para entrar en el Paraiso"

Ya habían pasado unos meses desde que desapareciera aquella inquietud, mis días transcurrían tranquilos. Había pasado mucho tiempo de aquello cuando, una noche soñé con él. No era uno de esos sueños de muertos que dan miedo, era desear en lo más hondo de tu sentir que se te aparezcan porque quieres verlos y quieres saber de ellos. Y yo en el sueño vi a mi tío en la dársena de una estación rodeado de una multitud. Estaba lloviendo, y mi tío y todos los demás iban tapados con unas mantas grises que llevaban estampadas dos rayas blancas. Yo lo vi en seguida y él a mí también, él miró hacia los ventanales de cristal y me saludó con una mano al tiempo que hacía un gesto como dándome a entender que estuviera tranquila, que él estaba bien, yo seguí mirándolo desde aquella oficina acristalada situada en la segunda planta de la estación hasta que terminó este sueño que aportó más tranquilidad a mi existencia, pero no fui capaz de contárselo a nadie como tampoco conté que recé los ochocientos padrenuestros.

Habían pasado más de dos años de aquel sueño, cuando viajé a otra provincia a visitar a mi tía (hermana de mi tío) que llevaba cinco años postrada en una cama y que según decían ya no reconocía a nadie y apenas hablaba. Difícilmente podré olvidar su emoción cuando me vio allí en la cabecera de su cama, se incorporó lo que pudo, me llamó con aquel diminutivo de mi nombre que solo ella me llamaba y me contó entusiasmada que había visto a mi tío en la estación, que estaba con mucha gente y que iba tapado con una una manta porque llovía.

Pudo haberme pasado a mí
Pudo haberte pasado a ti.